Hace 11 meses dejé de ser la chica del segundo piso y me mudé a un octavo. Aun así, sigo lejos de tocar las estrellas. La vida independiente no es fácil, los sentimientos de amplifican, las responsabilidades cambian y las prioridades se re definen. Es ahí donde uno se replantea la vida, el tiempo y las situaciones en las que está.
Cuando pasé el susto de que padecía cáncer, el cual al final solo fue un susto que duró un par de meses, decidí no pasarla mal en la vida, decidí ser feliz por opción, no por circunstancias. Y me dediqué a ello, tomé decisiones respecto a mi felicidad, encontré un trabajo que amo, obtuve la independencia que siempre quise, terminé asuntos pendientes, cerré ciclos y alejé a las personas que me restaban más que sumar.
Y en eso he estado todo este tiempo, optando por ser feliz. Pero en los últimos meses debo reconocer que no lo he sido. He llorado más que en un año entero, me he enfermado del estómago solo de los nervios y ya no tengo semanas completamente felices. Es súper difícil cuando parte de tu felicidad depende de otro, o más bien, la sostiene otro.
Llevo casi un año entero de relación amorosa, un año que ha sido bueno e intenso, de harto aprendizaje, de aprender a compartir sentimientos y de generar un vínculo que va más allá de la amistad. Pero en los últimos meses la vida ha andado cuesta arriba, ya no es todo color de rosa y los problemas de personalidades y distintas formas de ver la vida han hecho su entrada triunfal.
Es difícil amar y sin ser correspondido, pero es aún más difícil amar, ser correspondido pero que las cosas no funcionen. Es frustrante, pero el amor no es suficiente. Y es que en las relaciones el amor es una de las tantas cosas que se conjugan junto al compromiso, la visión de futuro, el tranzar, el apoyarse en el otro, la preocupación y ocupación porque las cosas funcionen o mejore, entre tantas más. Cuando alguno de esos factores no resulta, todo lo demás se viene abajo. Es por eso que el amor no es suficiente, porque se empaña por lo malo.
Es agotador tratar de esforzarse y seguir tropezando siempre con la misma piedra. Una amiga me dice que es un trabajo de joyería fina y es probable que tenga razón. Pero mi concepción de las relaciones es que dos personas remen para el mismo fin, no que una haga todo el trabajo. No me sirve y no lo quiero. Pero tampoco quiero tomar decisiones, no quiero acabar con lo que hay porque tengo miedo al dolor que me va a provocar.
Y no sé si es mejor darle tiempo al tiempo o cortar todo de raíz. De las dos formas lo voy a pasar mal porque soy impaciente y acelerada. Pero tampoco quiero seguir en la incertidumbre, entonces no sé qué hacer. ¿Perder para ganar o ganar para perder? ¿Acaso el amor se trata de ganar? Yo creo que más que ganar es sumar, sumar a la felicidad del otro y de uno mismo, pero qué pasa cuando restamos en vez de sumar. ¿Será solo un mal momento o se convertirá en una constante? ¿Cuánto tiempo tendré que esperar para saber que las cosas no van a cambiar? ¿Tendrá que morir la esperanza?
Tengo mas dudas que certezas y tengo miedo, mucho. No me gusta lo que estoy viviendo, pero tengo miedo a lo que viviré si esto se acaba. Y no sé si algún día nuestras vidas se podrán de acuerdo.
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