sábado, 28 de mayo de 2011

Todo es rígido, monótono y agobiante.





Estoy cansada de este mundo de apariencias. Me siento una desadaptada en un entorno que antes me era tan familiar. Tal vez soy yo la que cambié o fueron ellos. Quizás fuimos todos, solo que yo tomé un camino que no se cruza con el de los demás. Sientoq ue perdí la confianza, las ganas de hacer cosas, el improvisar a medida que pasan las horas. Ahora todos es rígido, monótono y agobiante.

No se trata de desafíos, de aventuras, de disfrutas lo que venga; ahora se trata de cumplir y es eso lo que me molesta. Pero cómo cambiar algo que tienes que hacer, cómo modificar tu entorno si no puede ser modificado. Es imposible.

Quizás me estoy quedando sola, con mis defectos y virtudes, con mis pensamientos y con mi forma de ver el mundo. Es frustrante saber que te quedaste sola porque la vida lo planeó así, porque esto no fue una decisión mía, pasó porque no quedaba otra alternaiva, porque tenía que pasar.

Y como tantas cosas en la vida, no vale la pena quedarse sentada lamentándose, solo hay que continuar, sin pensar en que las cosas se solucionaran, pero sin creer que todo se pondrá peor.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Porque no hay ninguna garantía de que la vida es fácil



Cada vez se hace más complicado el recordar. Recordar el cómo fuimos antes, los sueños, las metas que alguna vez nos propusimos. Mirar a alguien y ver ya todo cambió, comprender que la vida sigue su curso y no podemos detenernos a arreglar la falla de seguridad que se presentó en el camino. Tener que avanzar porque así son las cosas.

Porque cuando las cosas cambian, para bien o para mal, se producen nuevas formas de ver el mundo, de enfrentar los desafíos, de confiar en la gente. Incluso tal vez no se trate de confiar, al menos yo confío en la gente, solo que ahora no me dan ganas de hablar, de contar lo que pasa, porque mi forma de verlos cambió.

Es cierto, cada acción trae consigo una consecuencia, el problema es que somos malos para asumirla. Porque queramos o no, los sentimientos no se borran de un día a otro, siguen ahí, al acecho, esperando una oportunidad para volver a encenderse. Y si bien nunca es bueno reprimirse, aprendí que los impulsos tampoco son buenos y que es mejor escapar de ellos.

Por eso es que ya no soy lo que era antes, ya no me la paso jugando con los demás. Tal vez me cansé de perder o simplemente crecí y dejé atrás la diversión para enfrentar de una buena vez los problemas que tengo y no seguir sumando cuentas pendientes.