viernes, 17 de diciembre de 2010

Alejarse es más que volver


Dicen que todo tiempo pasado fue mejor y creo que tienen razón; o al menos en mi caso se aplica, porque mi presente está lleno de sombras. Antes mi vida era gobernada por la luz, es más, yo era el sol en la vida de muchas personas.

Ayer me di cuenta de eso, cuando comencé a escarbar en el pasado. Lo que vi me lleno de alegría, pero a su vez dejó en mi pecho una inmensa tristeza. Las cosas han cambiado tanto, antes la gente se esforzaba en sonreír, por mantener un poco de cercanía, ser participes de mi mundo; y ahora con un simple saludo parece ser suficiente.

Quizás para mí cambiaron ciertas cosas, la forma de relacionarme con los demás o las ganas de mirar el mundo. El punto de esto es que, cuando dejé de buscar al otro y provoqué ese cambio, ese distanciamiento, el otro no hizo nada. Eso es lo que en verdad me duele, esa indiferencia. Se supone que en un acuerdo de relaciones, cuando uno cae, ahí está el otro para sostenerlo, para darte la mano, aferrarte a ella. Si eso no sucede, es porque las cosas ya están demasiado deterioradas y si bien se pueden volver a reparar, siempre quedará un agujero que se hará cada vez más grande.

Tal vez ya es la hora de decir el adiós definitivo, de cerrar la puerta, de correr lejos. Olvidar que en algún momento existió ese algo, esa ventana a la cual iluminar en invierno. No es sencillo, supongo que tomará su buen tiempo, pero es el único camino para comenzar de nuevo a buscar a alguien para iluminar, alguien que te necesite y que tu necesites.

lunes, 18 de octubre de 2010

Familia


Creo que ver lo que es una familia me conmueve demasiado. Escuchar a mi mamá decir lo feliz y maravillada que está por sus hijas, por su esposo; es algo que me llena de lágrimas los ojos, que si bien son de felicidad, también son de nostalgia, de tristeza, de desasosiego. La incertidumbre, o tal vez la certeza de saber que cada vez queda menos, que pronto llegará el final y que aunque corra con todas mis fuerzas, jamás podré ganar la carrera.

Y en ese estado entre la dicha y la pena, el único consuelo que me queda tal vez, es la misión de crear algo similar. De construir a imagen y semejanza lo que mi familia representa. Y es que cada noche me quedo pensando en lo que se viene para mí. En el camino que tendré que caminar sola, en el futuro que se sostendrá de acuerdo a la construcción que haga con los ladrillos que tengo en mis manos.

Tengo ganas de ser madre, de tener un niño o una niña. Un pequeño bebe al cual cuidar, entregar protección, abrigo y sobretodo amor. Poder transmitir los valores que me enseñaron mis padres, jugar a que todo se puede lograr y explicar que pese a las adversidades que se presenten a lo largo de los años, nunca hay que dejar de soñar. Porque al menos yo, ahora tengo un sueño y ese es tener unos pequeños dando vuelta a mí alrededor.
El problema es que debo encontrar a alguien con quien compartir ese sueño. Una persona que sea mi compañera de viaje, de proyectos, del futuro que quiero crear. Y es ahí donde mi esperanza flaquea, porque pienso que no encontraré a la persona indicada para poder realizar esta aventura. Qué difícil se vuelven las cosas cuando dejan de depender solo de nuestra voluntad.

jueves, 26 de agosto de 2010

Ya van 10 años tata.


A veces me sorprende lo rápido que pasa el tiempo. Avanza sin mirar atrás, sin dejarnos una oportunidad de volver al pasado. Me pongo a pensar y siento tantas emociones juntas que es imposible no quebrarme. Porque ya son diez años! Y vaya que han pasado rápido, sobre todo para mí, que recuerdo tan claro cómo era todo y cómo fue en el momento de decir adiós.

Recuerdo muchas cosas de ti, todas son lindas y están llenas de amor, respeto y admiración. Solo alcancé a vivir diez años contigo, pero de verdad creo que si hubiesen sido veinte o cuarenta, hubiese sentido lo mismo que ahora. Porque quizás para algunos no fuiste tan importante o tal vez, ya eres solo un bonito recuerdo. Pero para mí no, me marcaste en muchas cosas. Me ayudaste a ser una mujer decidida y con carácter, incluso quizás me gusta tanto escribir porque te veía a ti haciéndolo con esmero en esa antigua máquina de escribir.

Sé que me quisiste porque siempre te preocupaste de demostrármelo en pequeñas cosas. Recuerdo con una sonrisa cuando te enojabas porque llegábamos de sorpresa y no te daba el tiempo para afeitarte. Sabias que me molestaba darte un besito con tu barba porque me pinchaba y procurabas afeitarte para mí. También te dabas el tiempo para jugar conmigo a las paletas después de almuerzo, aun están en la casa, en la cajita que hiciste con mi nombre para que dejara todos mis juguetes guardados hasta el próximo verano.

Entrar al cuarto siempre me llena de nostalgia, porque recuerdo las horas que pasabas en él, manteniendo todo bien ordenadito, creando algunos inventos y poniéndole antioxidante hasta a los perros de ropa. Te levantabas bien temprano, costumbre que supongo no perdiste desde que estuviste en la fuerza aérea, esa institución que tanto amabas. Me despertabas a las 7 de la mañana con tu martilleo, incluso llegué a escribirte una carta de protesta junto a mi abuelita que me incentivaba en todas esas cosas. Te reíste con esa carita tierna y prometiste empezar a trabajar más tarde para no despertarme. También se encuentra en el cuarto las cartas de navidad que te mandábamos todos los años, al frente de las tizas de colores que te sacaba para jugar al luche.

Supongo que sabes que ahora yo duermo en tu pieza, en el mismo lugar donde dormías tú. Cada vez que entro a esa pieza me veo a mi más chica corriendo junto a tu cama para llevarte el berlin que te traía de regalo o la once en la bandeja. También me imagino a ti mirando las peleas de boxeo en la tarde del domingo, durmiendo la siesta con la sombrilla para los ojos o escribiéndonos una tarjeta con nuestra mesada en tu máquina de escribir. En la cómoda aun están guardados mis primeros dientes y los dibujos que te regalaba.

En el patio aun se encuentra la casa del Nerón, el perrito que fuimos a comprar juntos al centro, por cierto, es el único perrito que he tomado en brazos en toda mi vida y fue solo porque tú me lo pediste. Más allá se encuentra el cuadrado que un día llenaste de arena para que jugara en el. Esos viajes que hiciste a la playa, a buscar arena solo por mí, en tu Peugeot que tanto cuidabas todos los días. El garaje también está igual, quizás un poco descuidado por el paso de los años y la poca mantención.

Cuando voy al cerro de la cruz siempre pienso en ti. En ese día en que salimos los dos solos en auto, antes de que te viniera la parálisis al brazo derecho y no pudieras manejar. Lo pasamos tan bien recorriendo Quintero juntos, visitando a tu amigo Rojitas, viendo el paisaje desde el cerro y para finalizar el paseo comprándome un helado de vainilla frutilla en el centro. Me acuerdo que mi abuelita no quería que saliéramos juntos porque tenía miedo que chocaras. Pero fuiste desobediente y fuiste no más conmigo, ahora te agradezco mucho ese momento, porque de verdad fue uno de los mejores.

He sido un poco ingrata y no te he ido a visitar al cementerio para contarte cómo va mi vida. Prometo que la próxima vez iré a verte y mientras te arregle las flores te contaré como va todo. Espero no decepcionarte y que te sientas orgulloso de mí; ya voy en 3ro de periodismo tata y me esforzaré para llegar lejos. También puedo decirte que estoy feliz, que aquí la familia está bien pese a todas las cosas que pasan. Que te extraño mucho y te recuerdo muy seguido, que aunque hayas tenido algunos defectos como todos, a mi no me importa, eres mi ejemplo a seguir, porque nunca tranzaste tus ideales, te mantuviste firme y cuando alguien te decepcionaba simplemente ya no contaba más en la lista de amistades. Mucha gente que te falló, a mi también lo hizo. Y quizás por eso no pueda darles una oportunidad, porque siento que te insultaron a ti y no puedo hacer la vista gorda a eso.

Mi papá cada día se parece más a ti, con tus defectos y virtudes. Muchas veces cuando converso con él, pienso que quizás tú reaccionarias de la misma forma, igual de tercos los dos e igual de cariñosos.

Siento haberte hecho pasar por algunos malos ratos mientras estuvimos juntos, como cuando me enojé contigo y me iba de vuelta a Santiago, tú te acercaste a mí y me pediste que hiciéramos las paces, accedí porque sabias que te dolía estar peleado conmigo. Pero más allá de nuestras pequeñas discusiones debido a nuestro fuerte carácter, siento que aprovechamos el tiempo que nos regalo la vida para estar juntos. Y es bonito recordarte así, con tantas cosas buenas y anécdotas, quizás algunas no fueron ciertas, no lo sé, solo tú conoces la respuesta. De todas formas siempre me entretuve con tus historias, hasta ir a visitarte al hospital naval era divertido, te encantaba estar allá con tu radio a pila al lado de la cama.

Te extraño tata y mucho, me encantaría poder volver a conversar contigo ahora que ya estoy más grande, tengo tantas cosas nuevas que contarte. Espero que nos volvamos a ver algún día. Por mientras no te olvides que te amo, que me siento feliz de haberte conocido y que fuiste mi segundo papá. Cada vez que veo un cardenal en el patio me acuerdo de ti, te encantaban, te llevaré uno en mi próxima visita. Espérame si?

martes, 27 de julio de 2010

The girl of the second floor


Ella vivía a 3 metros de la tierra y a kilómetros de distancia del cielo. Es por eso que cada vez que tropezaba le dolía más que a todos la caída. Como toda chica que se duerme mirando las estrellas y adorando el resplandor de la luna en la noche, estaba llena de sueños. Comprar una casa, escribir un libro, tener un hijo, dejar un testimonio de su vida en el mundo, algo que trascienda, una huella por la cual ser recordara en el futuro.


También le molestaban muchas cosas, las promesas sin cumplir, las traiciones, las mentiras. Cosas que a todos los que se jacten de ser humanos, les debiesen molestar. Aun así, ella siempre recalcaba lo que estaba mal, era directa e impulsiva, lo cual le trajo muchos problemas con su círculo cercano, siempre estaba dispuesta a decir lo que pensaba, también era abierta al escuchar explicaciones. Pero luego de un tiempo, se aburrió de escuchar y no ser escuchada, de pelearse con las personas por decir lo que sentía, por tratar de hacer lo que para ella era correcto.


Un día como cualquier otro, dejó de hablar. Ya no reía como antes ni mucho menos peleaba por lo que le parecía justo. De discursos interminables y sonrisas contagiosas, pasó al llanto y el silencio. En realidad, nunca dejó de hablar, porque con los silencios también se dicen muchas cosas. Solo que ella ya no quería ser esclava de sus palabras, ahora quería ser dueña de sus silencios. Y así fue como empezó a aislarse del resto del mundo. A darle espacio a otros para actuar, para buscar. Ella ahora solo esperaba, se preguntaran qué. La verdad, ni ella misma lo sabía.


Para su desgracia, nadie notó el cambio. Quizás esto se debió a que todos estaban muy pendientes en sus vidas para pensar en ella o tal vez, nunca se dieron el tiempo para saber quién era realmente. De todas formas, nada cambió, la chica siguió con su silencio, sus amigos y familiares siguieron hablando sin decir nada y el tiempo pasó, porque la vida continúa y no hay nada que podamos hacer con ello.


La chica del segundo piso se quedó mirando el cielo, tratando de encontrar respuestas que nunca llegarían, observando el suelo desde sus 3 metros. Lo único que cambió en su vida, es que nunca más volvió a caerse de nuevo, esa vez fue la definitiva, el problema es que nunca más volvió a levantarse, después de volver a su segundo piso, se quedó sentada para siempre, sin hablar, sin reír, sin soñar. En completo silencio esperando el final.