sábado, 17 de septiembre de 2011

Let me go home


Hace mucho tiempo que no me sentaba a escribir, creo que había algo que me lo impedía, tal vez me faltaba valor para traducir lo que siento en palabras. Me he sentido como Santomé en la Tregua, sin poder aceptar la realidad, sin escribir durante tres meses o un poco más. Y es que de pronto se me esfumaron las ganas de hacer cosas, porque la primera persona que me incentivó el amor por la literatura y la escritura fuiste tú.

Sería tonto no admitir cuánto te extraño, porque es demasiado, no se puede calcular. Y aunque digan que todo pasa con el tiempo, yo me siento igual o peor que en un principio, siento un dolor bien fuerte en el pecho, un dolor que no se va y que aparece más fuerte de vez en cuando. Hoy ha sido uno de esos días y es que es horrible imaginarme este 18 sin ti.

Durante toda mi vida o desde que tengo memoria, te he visto a ti frente a la parrilla, con tu delantal y el secador de pelo en mano avivando el fuego. Tomando un pisco sour mientras conversamos de cualquier banalidad, pero felices, riéndonos de la vida y festejando la que para ti era la mejor fiesta del año. Seguramente me habrías dicho desde hace dos semanas que hiciéramos empanadas y a esta hora precisamente estaría amasando mientras tú con mi mamá hacen el pino. Cuesta acostumbrarse a la idea de que no estás, aquí todos disimulamos pero se siente tu ausencia.

Las cosas ya no son lo mismo de antes, ya no tengo con quién ver ni comentar los partidos de la U, por eso he optado por no verlos. Ni de qué hablar de las cosas que han pasado con la educación en el país, seguramente habría sido tema obligado en la sobremesa, recuerdo que uno de los últimos días que hablamos, estábamos viendo Tolerancia Cero y el conflicto que recién comenzaba, ahí me diste la mano y, como estabas cansado para hablar, me dijiste que me quedara a tu lado pero que no era necesario decir palabras para entendernos.

Hay tanto que tengo que contarte, tantas cosas de las cuales me gustaría conocer tu opinión. Hace poco vi la película de Jane Eyre, te acuerdas que me regalaste ese libro? Lamento tanto que me lo hayan perdido, me gustaría tenerlo en mis manos otra vez. El otro día manejé tu auto y salimos a hacer compras para la casa, me sentí tan extraña manejando tu tarro, tenía miedo de rayarlo o chocarlo porque de seguro me ibas a retar. Y estoy segura que aunque no cometí ninguna falta, igual me hubieses dicho que me falta mucho por aprender. Me darías consejos y yo los pondría en práctica.

Tuve que sacar la revisión técnica y no sabía nada, porque la última vez tú te encargaste de los papeles. Llevé al matador al mecánico y también donde el tío René. El tío se portó re bien, me arregló todo el auto, que chocó la Muriel sin querer cuando practicábamos para su licencia. Estoy segura que la hubieses retado y no la habrías dejado sacar documentos, pero ya es tarde, pronto saldrá en tu auto a manejar por Santiago. Prometo no dejarla salir sola hasta que encuentre que está lista, como lo hiciste tú conmigo.

Para mí las cosas no han vuelto a ser normales. Llevo casi 4 meses en paro, así que el estudio no ha sido una distracción. He vuelto a la edad en que los niños se pregunta el por qué de las cosas. Me pregunto por qué todo cambia de la noche a la mañana y no logro entender. En nuestra última conversación te dije que faltaba poco para el 18, para comernos un asadito y tomar un shop, qué se yo. Y ese mismo día decidiste no acompañarnos en esta fecha.

La casa se siente tan grande, tan vacía. Ya no suena tu música el fin de semana en la radio. Me haces tanta falta. Ya nadie me está esperando en el paradero de la micro ni me pregunta camino a la casa cómo estuvo mi día. Mi mamá se esfuerza por suplirte y me espera en la puerta de calle, pero es obvio que haces falta. Estos meses he tenido que hacer muchas cosas que son nuevas para mí, cosas de las que antes tú te ocupabas. Entre la Muriel, mi mamá y yo tratamos de sacar las cosas adelante; han sido meses de largos trámites, papeleos, filas y sobre todo de espera.

Podría seguir escribiendo y creo que no acabaría nunca de contarte las cosas, pero creo que la mayoría las sabes porque a pesar de todo yo te siento conmigo en cada paso. Cuando voy manejando sola en la noche te veo como mi copiloto y sigo tranquila hasta llegar a la casa. Espero que vuelvas pronto papá, espero que estés en la casa, que me llames al celular y aparezca tu foto con el tema de Bublé de ringtone. Deseo tanto que nos volvamos a ver, te extraño.

Quédate tranquilo porque estamos las tres bien, tenemos mucha pena, pero la llevamos dentro y tratamos de sonreír. Estamos juntas así que no te preocupes. Cuídanos sí? Te amo y no te olvido, te llevo siempre conmigo y sé que tú estás siempre a mi lado.

martes, 30 de agosto de 2011

Pero al final no son cosas

Hay cosas que duelen demasiado, hay cosas que jamás dejarán de doler. Hay cosas que te ponen los ojos llorosos y otras en lo que único que deseas es volver el tiempo atrás... Pero al final no son solo cosas, son sentimientos que nunca te van a abandonar, afectos que no se pueden cambiar ni mucho menos evitar.

sábado, 28 de mayo de 2011

Todo es rígido, monótono y agobiante.





Estoy cansada de este mundo de apariencias. Me siento una desadaptada en un entorno que antes me era tan familiar. Tal vez soy yo la que cambié o fueron ellos. Quizás fuimos todos, solo que yo tomé un camino que no se cruza con el de los demás. Sientoq ue perdí la confianza, las ganas de hacer cosas, el improvisar a medida que pasan las horas. Ahora todos es rígido, monótono y agobiante.

No se trata de desafíos, de aventuras, de disfrutas lo que venga; ahora se trata de cumplir y es eso lo que me molesta. Pero cómo cambiar algo que tienes que hacer, cómo modificar tu entorno si no puede ser modificado. Es imposible.

Quizás me estoy quedando sola, con mis defectos y virtudes, con mis pensamientos y con mi forma de ver el mundo. Es frustrante saber que te quedaste sola porque la vida lo planeó así, porque esto no fue una decisión mía, pasó porque no quedaba otra alternaiva, porque tenía que pasar.

Y como tantas cosas en la vida, no vale la pena quedarse sentada lamentándose, solo hay que continuar, sin pensar en que las cosas se solucionaran, pero sin creer que todo se pondrá peor.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Porque no hay ninguna garantía de que la vida es fácil



Cada vez se hace más complicado el recordar. Recordar el cómo fuimos antes, los sueños, las metas que alguna vez nos propusimos. Mirar a alguien y ver ya todo cambió, comprender que la vida sigue su curso y no podemos detenernos a arreglar la falla de seguridad que se presentó en el camino. Tener que avanzar porque así son las cosas.

Porque cuando las cosas cambian, para bien o para mal, se producen nuevas formas de ver el mundo, de enfrentar los desafíos, de confiar en la gente. Incluso tal vez no se trate de confiar, al menos yo confío en la gente, solo que ahora no me dan ganas de hablar, de contar lo que pasa, porque mi forma de verlos cambió.

Es cierto, cada acción trae consigo una consecuencia, el problema es que somos malos para asumirla. Porque queramos o no, los sentimientos no se borran de un día a otro, siguen ahí, al acecho, esperando una oportunidad para volver a encenderse. Y si bien nunca es bueno reprimirse, aprendí que los impulsos tampoco son buenos y que es mejor escapar de ellos.

Por eso es que ya no soy lo que era antes, ya no me la paso jugando con los demás. Tal vez me cansé de perder o simplemente crecí y dejé atrás la diversión para enfrentar de una buena vez los problemas que tengo y no seguir sumando cuentas pendientes.

jueves, 17 de marzo de 2011

Los sueños que tuvimos ayer


Cuando era chica me imaginaba entrar a la iglesia con mi papá. Que me sonriera cuando diera el sí y que bailara conmigo el vals de la bella durmiente, tal como lo hizo al casarse con mi mamá. También me imaginaba que cuando tuviese hijos, él los iba a malcriar, le contaría sus historias de cuando era niño, los llevaría a la casa de Quintero y verían los partidos de futbol de la U juntos.

Y si en algún momento me iba mal en algo, iba a correr a sus brazos, para que me dijese que hay que salir adelante y que todo va a estar bien. Pero ahora al imaginarme todas esas cosas ya no siento la misma alegría, porque ahora sé que el futuro no será así.

Para qué, por qué, de qué


De que me sirve hacer planes para el futuro, pensar en qué voy a trabajar o dónde voy a vivir.

Para qué voy a construir una fortaleza donde quepan mis sueños y me pueda refugiar cuando quiera

Por qué debería estar feliz, por qué no me debería deprimir

Nada de lo que pueda desear o tener me importa, nada me llena si no tengo esa sonrisa de niño chico, ese entusiasmo que te hace ser atarantado y que me hace reir.

Porque no me interesa tener un hogar pobre, no tener trabajo ni agua caliente.

No me importa vivir en una casa cómoda y grande. Mucho menos me interesa que me pase algo malo.

Porque lo único malo que me puede dañar y dejarme tirada en el piso de por vida es no tenerte. Saber que te irás a un lugar donde no podré alcanzarte. No puedo vivir con eso. Y quizás soy muy niña chica o dependiente, y qué hay si lo soy? Ya no me importa vender una apariencia de mujer fuerte, porque aunque lo hiciese no serviría de nada, no cambiaría nada. Porque lo único que pido es que no me dejes. No podría soportarlo.

lunes, 31 de enero de 2011

No todos los inicios son buenos


Enero ha sido el peor mes que he visto pasar en mi vida. En realidad no sé si ha sido el peor que he visto pasar, más bien, el peor que he vivido. Hay muchas cosas malas que te pueden pasar, pero el problema es el grado de importancia que tienen en tu vida. Puede ser que no te adaptes en escuela básica, que el chico que te gusta te rompa el corazón en la secundaria, que te des cuenta que en la universidad todos son unos caretas que solo piensan en cagarse al de al lado o que en tu trabajo te exploten hasta altas horas de la noche y tu jefe sea un manipulador que te amenace con despedirte si no acatas sus órdenes.

Es cierto, las cosas mencionadas son malas, te hacen sentir triste, frustrada, decepcionada. Pero depende de ti el dejar que te afecten más de lo necesario o hacer que pasen de largo. En la mayoría de los casos que me han tocado enfrentar, he optado por la segunda opción. Total, uno siempre dice que se tiene así mismo, que saldrás adelante por la gente que te quiere y te esforzarás por ser una buena persona, que en algún momento las cosas van a mejorar y que no puedes dejar que tus enemigos te vean derrotado.

Y sí, puede que todo eso sea cierto. Pero son cosas que pasan, que dependen de ti. Pero ahora las cosas son diferentes, no se tratan de personas que son pencas contigo o de ser una inadaptada, se trata de una de las personas que más amas y que más te ama en todo el universo, una persona que daría la vida por ti y que lamentablemente en estos momentos está perdiéndole el amor a la vida por una enfermedad que le quiere arrebatar todo lo que ha construido.