
Cuando era chica me imaginaba entrar a la iglesia con mi papá. Que me sonriera cuando diera el sí y que bailara conmigo el vals de la bella durmiente, tal como lo hizo al casarse con mi mamá. También me imaginaba que cuando tuviese hijos, él los iba a malcriar, le contaría sus historias de cuando era niño, los llevaría a la casa de Quintero y verían los partidos de futbol de la U juntos.
Y si en algún momento me iba mal en algo, iba a correr a sus brazos, para que me dijese que hay que salir adelante y que todo va a estar bien. Pero ahora al imaginarme todas esas cosas ya no siento la misma alegría, porque ahora sé que el futuro no será así.
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