
A veces me sorprende lo rápido que pasa el tiempo. Avanza sin mirar atrás, sin dejarnos una oportunidad de volver al pasado. Me pongo a pensar y siento tantas emociones juntas que es imposible no quebrarme. Porque ya son diez años! Y vaya que han pasado rápido, sobre todo para mí, que recuerdo tan claro cómo era todo y cómo fue en el momento de decir adiós.
Recuerdo muchas cosas de ti, todas son lindas y están llenas de amor, respeto y admiración. Solo alcancé a vivir diez años contigo, pero de verdad creo que si hubiesen sido veinte o cuarenta, hubiese sentido lo mismo que ahora. Porque quizás para algunos no fuiste tan importante o tal vez, ya eres solo un bonito recuerdo. Pero para mí no, me marcaste en muchas cosas. Me ayudaste a ser una mujer decidida y con carácter, incluso quizás me gusta tanto escribir porque te veía a ti haciéndolo con esmero en esa antigua máquina de escribir.
Sé que me quisiste porque siempre te preocupaste de demostrármelo en pequeñas cosas. Recuerdo con una sonrisa cuando te enojabas porque llegábamos de sorpresa y no te daba el tiempo para afeitarte. Sabias que me molestaba darte un besito con tu barba porque me pinchaba y procurabas afeitarte para mí. También te dabas el tiempo para jugar conmigo a las paletas después de almuerzo, aun están en la casa, en la cajita que hiciste con mi nombre para que dejara todos mis juguetes guardados hasta el próximo verano.
Entrar al cuarto siempre me llena de nostalgia, porque recuerdo las horas que pasabas en él, manteniendo todo bien ordenadito, creando algunos inventos y poniéndole antioxidante hasta a los perros de ropa. Te levantabas bien temprano, costumbre que supongo no perdiste desde que estuviste en la fuerza aérea, esa institución que tanto amabas. Me despertabas a las 7 de la mañana con tu martilleo, incluso llegué a escribirte una carta de protesta junto a mi abuelita que me incentivaba en todas esas cosas. Te reíste con esa carita tierna y prometiste empezar a trabajar más tarde para no despertarme. También se encuentra en el cuarto las cartas de navidad que te mandábamos todos los años, al frente de las tizas de colores que te sacaba para jugar al luche.
Supongo que sabes que ahora yo duermo en tu pieza, en el mismo lugar donde dormías tú. Cada vez que entro a esa pieza me veo a mi más chica corriendo junto a tu cama para llevarte el berlin que te traía de regalo o la once en la bandeja. También me imagino a ti mirando las peleas de boxeo en la tarde del domingo, durmiendo la siesta con la sombrilla para los ojos o escribiéndonos una tarjeta con nuestra mesada en tu máquina de escribir. En la cómoda aun están guardados mis primeros dientes y los dibujos que te regalaba.
En el patio aun se encuentra la casa del Nerón, el perrito que fuimos a comprar juntos al centro, por cierto, es el único perrito que he tomado en brazos en toda mi vida y fue solo porque tú me lo pediste. Más allá se encuentra el cuadrado que un día llenaste de arena para que jugara en el. Esos viajes que hiciste a la playa, a buscar arena solo por mí, en tu Peugeot que tanto cuidabas todos los días. El garaje también está igual, quizás un poco descuidado por el paso de los años y la poca mantención.
Cuando voy al cerro de la cruz siempre pienso en ti. En ese día en que salimos los dos solos en auto, antes de que te viniera la parálisis al brazo derecho y no pudieras manejar. Lo pasamos tan bien recorriendo Quintero juntos, visitando a tu amigo Rojitas, viendo el paisaje desde el cerro y para finalizar el paseo comprándome un helado de vainilla frutilla en el centro. Me acuerdo que mi abuelita no quería que saliéramos juntos porque tenía miedo que chocaras. Pero fuiste desobediente y fuiste no más conmigo, ahora te agradezco mucho ese momento, porque de verdad fue uno de los mejores.
He sido un poco ingrata y no te he ido a visitar al cementerio para contarte cómo va mi vida. Prometo que la próxima vez iré a verte y mientras te arregle las flores te contaré como va todo. Espero no decepcionarte y que te sientas orgulloso de mí; ya voy en 3ro de periodismo tata y me esforzaré para llegar lejos. También puedo decirte que estoy feliz, que aquí la familia está bien pese a todas las cosas que pasan. Que te extraño mucho y te recuerdo muy seguido, que aunque hayas tenido algunos defectos como todos, a mi no me importa, eres mi ejemplo a seguir, porque nunca tranzaste tus ideales, te mantuviste firme y cuando alguien te decepcionaba simplemente ya no contaba más en la lista de amistades. Mucha gente que te falló, a mi también lo hizo. Y quizás por eso no pueda darles una oportunidad, porque siento que te insultaron a ti y no puedo hacer la vista gorda a eso.
Mi papá cada día se parece más a ti, con tus defectos y virtudes. Muchas veces cuando converso con él, pienso que quizás tú reaccionarias de la misma forma, igual de tercos los dos e igual de cariñosos.
Siento haberte hecho pasar por algunos malos ratos mientras estuvimos juntos, como cuando me enojé contigo y me iba de vuelta a Santiago, tú te acercaste a mí y me pediste que hiciéramos las paces, accedí porque sabias que te dolía estar peleado conmigo. Pero más allá de nuestras pequeñas discusiones debido a nuestro fuerte carácter, siento que aprovechamos el tiempo que nos regalo la vida para estar juntos. Y es bonito recordarte así, con tantas cosas buenas y anécdotas, quizás algunas no fueron ciertas, no lo sé, solo tú conoces la respuesta. De todas formas siempre me entretuve con tus historias, hasta ir a visitarte al hospital naval era divertido, te encantaba estar allá con tu radio a pila al lado de la cama.
Te extraño tata y mucho, me encantaría poder volver a conversar contigo ahora que ya estoy más grande, tengo tantas cosas nuevas que contarte. Espero que nos volvamos a ver algún día. Por mientras no te olvides que te amo, que me siento feliz de haberte conocido y que fuiste mi segundo papá. Cada vez que veo un cardenal en el patio me acuerdo de ti, te encantaban, te llevaré uno en mi próxima visita. Espérame si?
Recuerdo muchas cosas de ti, todas son lindas y están llenas de amor, respeto y admiración. Solo alcancé a vivir diez años contigo, pero de verdad creo que si hubiesen sido veinte o cuarenta, hubiese sentido lo mismo que ahora. Porque quizás para algunos no fuiste tan importante o tal vez, ya eres solo un bonito recuerdo. Pero para mí no, me marcaste en muchas cosas. Me ayudaste a ser una mujer decidida y con carácter, incluso quizás me gusta tanto escribir porque te veía a ti haciéndolo con esmero en esa antigua máquina de escribir.
Sé que me quisiste porque siempre te preocupaste de demostrármelo en pequeñas cosas. Recuerdo con una sonrisa cuando te enojabas porque llegábamos de sorpresa y no te daba el tiempo para afeitarte. Sabias que me molestaba darte un besito con tu barba porque me pinchaba y procurabas afeitarte para mí. También te dabas el tiempo para jugar conmigo a las paletas después de almuerzo, aun están en la casa, en la cajita que hiciste con mi nombre para que dejara todos mis juguetes guardados hasta el próximo verano.
Entrar al cuarto siempre me llena de nostalgia, porque recuerdo las horas que pasabas en él, manteniendo todo bien ordenadito, creando algunos inventos y poniéndole antioxidante hasta a los perros de ropa. Te levantabas bien temprano, costumbre que supongo no perdiste desde que estuviste en la fuerza aérea, esa institución que tanto amabas. Me despertabas a las 7 de la mañana con tu martilleo, incluso llegué a escribirte una carta de protesta junto a mi abuelita que me incentivaba en todas esas cosas. Te reíste con esa carita tierna y prometiste empezar a trabajar más tarde para no despertarme. También se encuentra en el cuarto las cartas de navidad que te mandábamos todos los años, al frente de las tizas de colores que te sacaba para jugar al luche.
Supongo que sabes que ahora yo duermo en tu pieza, en el mismo lugar donde dormías tú. Cada vez que entro a esa pieza me veo a mi más chica corriendo junto a tu cama para llevarte el berlin que te traía de regalo o la once en la bandeja. También me imagino a ti mirando las peleas de boxeo en la tarde del domingo, durmiendo la siesta con la sombrilla para los ojos o escribiéndonos una tarjeta con nuestra mesada en tu máquina de escribir. En la cómoda aun están guardados mis primeros dientes y los dibujos que te regalaba.
En el patio aun se encuentra la casa del Nerón, el perrito que fuimos a comprar juntos al centro, por cierto, es el único perrito que he tomado en brazos en toda mi vida y fue solo porque tú me lo pediste. Más allá se encuentra el cuadrado que un día llenaste de arena para que jugara en el. Esos viajes que hiciste a la playa, a buscar arena solo por mí, en tu Peugeot que tanto cuidabas todos los días. El garaje también está igual, quizás un poco descuidado por el paso de los años y la poca mantención.
Cuando voy al cerro de la cruz siempre pienso en ti. En ese día en que salimos los dos solos en auto, antes de que te viniera la parálisis al brazo derecho y no pudieras manejar. Lo pasamos tan bien recorriendo Quintero juntos, visitando a tu amigo Rojitas, viendo el paisaje desde el cerro y para finalizar el paseo comprándome un helado de vainilla frutilla en el centro. Me acuerdo que mi abuelita no quería que saliéramos juntos porque tenía miedo que chocaras. Pero fuiste desobediente y fuiste no más conmigo, ahora te agradezco mucho ese momento, porque de verdad fue uno de los mejores.
He sido un poco ingrata y no te he ido a visitar al cementerio para contarte cómo va mi vida. Prometo que la próxima vez iré a verte y mientras te arregle las flores te contaré como va todo. Espero no decepcionarte y que te sientas orgulloso de mí; ya voy en 3ro de periodismo tata y me esforzaré para llegar lejos. También puedo decirte que estoy feliz, que aquí la familia está bien pese a todas las cosas que pasan. Que te extraño mucho y te recuerdo muy seguido, que aunque hayas tenido algunos defectos como todos, a mi no me importa, eres mi ejemplo a seguir, porque nunca tranzaste tus ideales, te mantuviste firme y cuando alguien te decepcionaba simplemente ya no contaba más en la lista de amistades. Mucha gente que te falló, a mi también lo hizo. Y quizás por eso no pueda darles una oportunidad, porque siento que te insultaron a ti y no puedo hacer la vista gorda a eso.
Mi papá cada día se parece más a ti, con tus defectos y virtudes. Muchas veces cuando converso con él, pienso que quizás tú reaccionarias de la misma forma, igual de tercos los dos e igual de cariñosos.
Siento haberte hecho pasar por algunos malos ratos mientras estuvimos juntos, como cuando me enojé contigo y me iba de vuelta a Santiago, tú te acercaste a mí y me pediste que hiciéramos las paces, accedí porque sabias que te dolía estar peleado conmigo. Pero más allá de nuestras pequeñas discusiones debido a nuestro fuerte carácter, siento que aprovechamos el tiempo que nos regalo la vida para estar juntos. Y es bonito recordarte así, con tantas cosas buenas y anécdotas, quizás algunas no fueron ciertas, no lo sé, solo tú conoces la respuesta. De todas formas siempre me entretuve con tus historias, hasta ir a visitarte al hospital naval era divertido, te encantaba estar allá con tu radio a pila al lado de la cama.
Te extraño tata y mucho, me encantaría poder volver a conversar contigo ahora que ya estoy más grande, tengo tantas cosas nuevas que contarte. Espero que nos volvamos a ver algún día. Por mientras no te olvides que te amo, que me siento feliz de haberte conocido y que fuiste mi segundo papá. Cada vez que veo un cardenal en el patio me acuerdo de ti, te encantaban, te llevaré uno en mi próxima visita. Espérame si?
No hay comentarios:
Publicar un comentario