martes, 3 de junio de 2014

Llueve sobre mojado



Siempre he pensado que escribir es la forma que tiene mi alma para desahogarse. Hoy, no logro conciliar el sueño, me escocen los ojos por el llanto y aún así no logro sacarme esta inquietud que siento en mi interior. Hace mucho no venía a escribir aquí. Supongo que no me había sentido tan mal como en este momento, donde quiero que todo sea un mal sueño y poder despertar sin este dolor.

Era martes 3, no 13, pero las malas noticias no elijen un día al mes para llegar. Hoy me diagnosticaron un tumor en el ovario, un tumor que probablemente se transforme en un cáncer de ovario. No es que sea pesimista, pero tengo todos los síntomas. Así que enfrentemos las cosas como son y no tratemos de suavizarlas. 

Cuando supe que algo iba mal, fue cuando la doctora me mandó a hacerme un examen inmediatamente mientras me atendía. Luego, la sala donde me practicaban el procedimiento se empezó a llenar de otros doctores que comentaban mi caso. Sí, mi doctora me miró a los ojos y me preguntó si andaba sola, como si el tener compañía podría haber hecho que el golpe doliese menos. Pero no, andaba sola. Desde que me dijo la palabra "tumor", rápidamente mi cerebro comenzó a analizar la situación y decidí no quebrarme dentro de la consulta. El tiempo parecía no avanzar y todo se movía tan lento cuando lo que más deseaba era salir de ahí.

Al salir a la calle, pareció como que el cielo se sincronizó conmigo para llover. En mi cara llovían lágrimas y por el parabrisas lloraba el cielo. Son esas situaciones que uno ve en las películas pero no piensa que le sucederán en la vida real. Pero me pasó y el enfrentar esto, tener que notificarle a la gente que amo sobre mi situación, no fue fácil. 

La escena me recordó hace unos años atrás, cuando también llovía mucho y mi papá se encontraba en sus últimos días de vida. Justo fue por esta fecha también. ¿Coincidencias? Quién sabe... Pero si tienen que coincidir, entonces prefiero pensar que es un llamado de mi papá para que me reúna con él en el cielo porque me echa mucho de menos.

Aún no sé qué sucederá conmigo. ¿Viviré? ¿Tendré un buen pronóstico? ¿Podré tener hijos? ¿Pasaré por un montón de mierda otra vez? ¿Solo será algo rápido y volveré a estar bien? No tengo idea... Pero en este momento no puedo pensar positivamente, no hasta que tenga certezas de las cosas. Soy de las que espera siempre lo peor para prepararme a recibir el golpe y no caer al suelo. 

No sé si quiera dar la pelea, en el caso de que la situación sea grave. Sí, pienso en todas las cosas que me perdería, desde lo más tonto como no saber el final de una serie que sigo hace años, hasta no poder ver y conocer a mi futuro sobrino o apoyar a mi mamá en estos últimos años. De verdad que quiero todas esas cosas, pero no sé si valdrá la pena pasar por todo es calvario para al final morir ahogada en la orilla.

Mi pena es infinita, es grande. Me duele el corazón enormemente. Nunca le he tenido miedo a la muerte, pero sí tengo miedo al dolor, al dolor físico y al dolor emocional. A dejar a la gente que amo en su estado más vulnerable. En estas horas me pregunto por todo lo que debe haber sentido mi papá al enterarse de su enfermedad. Él era sumamente sabio y supongo que se planteó todas estas dudas. 

La tormenta se ha detenido allá afuera, pero aquí adentro sigue lloviendo sobre mojado.

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